淋しくて…

El frío roce de tu piel eriza la mía.
“No, no otra vez. No esta noche”.

Ignoras mi súplica y te acuestas a mi lado, atrayéndome hacia tu cuerpo desnudo, como suele estarlo. Un gélido aliento emana de tus labios, que buscan los míos sin vergüenza alguna.

Procuro alejar mi rostro del tuyo. “¿Qué no entiendes que no son t–?” — muy tarde.
La frase queda cortada en dos mientras nuestros labios se juntan como uno.
No, no lo entiendes. ¿Para qué lo pregunto? No, ¿ni para qué lo intento? Tus caricias siguen… y la tristeza se apodera más de mi corazón.

No es a ti a quien quiero, y lo sabes bien. Lees mi mente, y una leve y malévola sonrisa aparece en tu rostro.
Claro que lo sabes… y por eso has venido esta noche. Noche en la que no puedo dormir.
Mi memoria evoca el perfume que tanto odias… ese que sabes que me encanta, el que impregna mi ropa cuando estoy sin ti.

Veo disgusto aparecer en tu rostro, y sonrio. “Bien, me alegra que no te guste”.
Pero un pensamiento pasa brevemente por mi mente, y tu rostro no tarda en desfigurarse en una macabra sonrisa.
Por toda afirmación, lo repites: “No es ella quien te abraza hoy, soy yo”.

Y así, tan rápida como vino, mi sonrisa se desvanece de mi rostro. El olor de las lágrimas invade mis sentidos… sí, el perfume que tú llevas y que tanto te fascina.
Yo lo detesto.

“Déjame solo”. Ante eso, tu abrazo se vuelve más fuerte… poco a poco, como el de una serpiente ahogando a su presa. El frío de tu piel me tortura. Lenta, pero segura, viene de tus labios la respuesta que temo.
“Eso hago, ¿no lo ves? Precisamente eso hago”. Y no me queda más remedio que sucumbir ante ti, y esperar amargamente que el sueño me rescate de tus brazos, aunque sea por un momento.
Cómo quisiera soñar contigo… aunque sea, podré decirle adiós a esa que hoy no me deja sonreír.
“Por mucho que trates de dejarme atrás, no olvides que siempre estaré aquí para acompañarte”, susurras en mi oído, mientras te aferras a mi y el sueño regresa.
Una última frase escapa de mis labios antes de que mi mundo se torne negro de nuevo.

“Sí, lo sé… Soledad.”

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