Día 1 – Y llegamos a París

Continuando parte del “día 0-1”, y al arribar en Frankfurt, seguimos hacia la parte de inmigración.

Allí pasamos nuestro primer susto…

Germán y yo pasamos sin problemas, mientras que Jorge se tardaba (y nosotros pasamos como en minuto y medio). Ya cuando estaba por llamarlo a su celular para ver qué co… estaba pasando, pasó.

Al preguntarle qué había pasado, nos dijo que los agentes de inmigración chequeaban mucho su pasaporte, y le preguntaban muchas cosas. Quién sabe si fue porque lo vieron solo. (En retrospectiva, esta no sería la única vez…)

En fin. Ya pasado eso, nos dimos una vuelta por los duty free, a ver si llevábamos algo, pero decidimos esperar -evidentemente; el viaje apenas estaba empezando, y no íbamos a llevar equipaje extra durante los 41 días restantes-, y nos fuimos a la puerta que nos tocaba para la parte del vuelo que nos llevaría a París. Allí tomamos fotos, nos sentamos un rato a ver los aviones…

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…y esperamos junto a nuestra puerta de embarque, hasta que llamaron para abordar.

Dado que el vuelo realmente no fue muy extenso, lo que corresponde al “Reporte de vuelo 02 LH4218 – EDDF – CDG” no pasa de unas cuantas líneas, así que queda acá en vez de en un post aparte:

Abordamos el avión (un Airbus A319-100) a las 5:38 a.m. hora de Venezuela (12:08 p.m. hora local).

Dentro del avión

Esta vez, Jorge y yo tuvimos asientos juntos (24A y B – asignados, al contrario que el vuelo anterior), mientras que a Germán le tocó sentarse unos 4 puestos más adelante. Como era un vuelo de sólo 45 minutos, nos dieron sólamente un sandwich como refrigerio, aunque realmente (tras el desayuno en el avión anterior) no nos hizo falta. Tras sólo 30 minutos de vuelo, comenzamos el descenso a pista, y 15 minutos después, aterrizamos.

Por aterrizar en Francia

Autopista o aeropuerto? O.o

Tras aterrizar en Charles De Gaulle, caminamos por la sala de desembarque. Todo iba bien y estaba contento de haber llegado, hasta que me percate de algo, que me haría pasar inconvenientes durante las próximas horas… (en retrospectiva: ¿horas? ¿HORAS?  WTF was I thinking…?) fue lo primero que me advirtieron, y evidentemente, lo primero que ocurrió.
 

Perdí mi cartera.

 

 

(Sí, nótese que les di chance de decir “¡le dije!” o cualquier frase similar…>_>).

Mis tíos nos regalaron -pensando en el viaje y en lo fácil que es robar a los turistas en países como Italia, por ejemplo- unas carteras hechas para ir por debajo de la ropa. Se ajustan con una correa, y listo. El gancho fue lo único que me hizo dudar, y con justa razón. Cuando íbamos a buscar las maletas, me di cuenta que no lo tenia, y se lo dije a mis hermanos (no sin antes ver el look en sus rostros cuando les dije esto… una mirada que, de haber sido expresada en palabras, diría algo así como: “pinta un bosque y piérdete”. </Andrés López>)

Salimos corriendo por la correa transportadora hasta la parte de equipaje, para ver a quien podíamos preguntar algo. Afortunadamente allí algunos sabían inglés (aunque mi nivel de inglés apestó en ese momento…), y pude pedir ayuda. Me remitieron al mostrador de Lufthansa, pero ya sabiendo que los limpiadores habían pasado por el avión -en menos de 10 minutos- y no habían conseguido nada (sabíamos porque las personas en la puerta de equipaje llamaron por radio, y eso fue lo que les dijeron).

A partir de ahí tocó buscar nuestras mochilas, ir al mostrador de Lufthansa, y que me enviaran al departamento de objetos y equipaje perdidos de Star Alliance/Lufthansa, a través del chequeo de aduana -razón por la cual me tocó ir solo, y pasar por frente de un guardia de inmigración que me miró con cara de “sí eres idiota, ya perdiste algo y apenas estás llegando”- y luego me perdí como por media hora tratando de buscar el susodicho departamento, no sin antes pasar rabia por no saber francés, y obtener nada mas que miradas de “que me miras, no me hables” de las personas a quienes pregunte (ya me habían advertido que los franceses eran así -arigatou, neechan-, pero igual me fastidió un poco).

Al fin lo conseguí, y pude hacer una solicitud, aunque ya sabia que debía llamar cuanto antes para bloquear mi tarjeta de crédito, que -obviamente- estaba en la cartera, junto con 50 dólares, mi certificado de vacunación internacional, 32 bolívares, mi cédula, el carnet de la ULA, y por último pero no por ello menos importante, una carta que me escribió alguien a quien quiero mucho para que leyera durante el viaje (detallado mi inventario, ¿no? Bueno, ¿recuerdan la frase “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”? Ahí la tienen, mejor demostración imposible).

Hecha la solicitud, me tocaba entonces bajar adonde estaban esperando mis hermanos, pero entre el estrés y la preocupación, no memoricé la forma de bajar. Por supuesto, me toco ingeniármelas y seguir pasajeros que ya habían buscado su equipaje, hasta encontrar algo que reconociera. Aún así, tuve que llamarlos para que me buscaran (menos mal que mi papá nos compro un BlackBerry Curve, con llamadas internacionales activas — en retrospectiva: una bendición y maldición a la vez).

Luego de encontrarnos y de informarles la situación -Lufthansa me llamaría y/o escribiría si encontraban algo- salimos a comprar un multipase (Carte Orange) para los trenes, metros y buses, durante nuestra estadía en Francia; que nos fue de muchísima utilidad, por cierto.

He acá como se ve (o veía, ya que según entiendo no los emiten más de esa forma, o al menos eso escuché):

Arriba, el ticket para el metro. Abajo, el pase para el bus (nótese que lleva foto: es obligatorio que tenga el nombre, apellido, dirección, y foto de la persona). Yo todavía tengo el mío (con todo y ticket de metro, creo) guardado por ahí.

Con eso, y con el GPS del Blackberry, nos fuimos al tren que nos llevaría a los buses, los cuales a su vez nos llevarían al hotel… o bueno, suficientemente cerca.

El sistema de buses es impresionante (bueno, todo el sistema de transporte masivo lo es). Uno paga al subir, simplemente poniendo la tarjeta prepagada cerca de un sensor en la puerta, o muestra un carnet -que fue nuestro caso, tal como pueden ver- al conductor, y sube, o paga en una máquina. Nada de andar pasándole plata al conductor, ni nada por el estilo.

Sin embargo, apenas subimos al tren (que pagamos con el ticket de arriba – el mismo con el que se paga el metro), me di cuenta de algo. Y no lograría acostumbrarme nunca, aun cuando en el avión de Maiquetia-Frankfurt también estaba.

El hedor (o en inglés: body odor). Los que leyeron el reporte de vuelo (el post -relativo al viaje- justo antes de este) quizás habrán notado que lo mencioné.

Yo pensaba que era algún estereotipo contra los franceses, o quizás los europeos en general, pero resultó que estaba siendo demasiado ingenuo. Los franceses no se bañan seguido, y de verdad no sé cómo les parece normal, o cómo podrían acostumbrarse. Para mi al menos, era como entrar en un sauna, cuando de repente el calor te pega como si de golpear de frente contra una pared se tratase; solo que en este caso, la temperatura no era lo que me preocupaba…

Una anécdota interesante al respecto: hace tiempo ya, uno de mis profesores de inglés (cuando estaba en nivel conversacional) nos contó que estando en Francia, le tocó quedarse en algo así como un hotel, o una cabaña alquilada, no recuerdo bien (porque él estudió hotelería, y viajó por muchos lugares del mundo). El caso es que al cabo de una semana, el administrador fue a preguntarle si era que estaba enfermo, se sentía mal, o algo por el estilo. Ante la extrañeza de mi profesor, le responden que es porque se estaba bañando demasiado; es decir, una vez por día, y habían visto que el medidor de consumo de agua estaba anormalmente alto — claro, para ellos.

De vuelta al relato del día, nos quedamos cerca del hotel, y como aún no sabíamos cómo llegarle, tuvimos que caminar unos 15 minutos (léase: estábamos perdidos) hasta al fin encontrar un lugar en donde cruzar una avenida a la que llegamos, y finalmente, encontrar el hotel.

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Caminamos...

Y seguimos caminando...

Al nomás llegar, pagamos, subimos a nuestra habitación (cuya puerta no se abría con llave, sino con clave: 060875), y dormimos un buen rato — aunque yo me ocupé de bloquear mi tarjeta primero, y de solicitar tanto una tarjeta, como efectivo de emergencia (esto último me causaría mas preocupaciones que alivios más adelante). A esas alturas, estábamos exhaustos.

Desde nuestra ventana

Salimos a conocer luego de despertarnos (tarde, como a las 8), y llegamos al Grand Arche de La Défense (que está muy cerca de nuestro hotel).

Calle o pista de Fórmula 1?

La misma calle / pista de F1

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Rutas del bus

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Grand Arche de La Défense

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Lo primero que notamos fue que anochecía súper tarde: a eso de las 9:30-10. Y también que hacia mucho frío – en ocasiones más que en Mérida, a pesar de estar en pleno verano. Bueno, si ven la foto, notarán que tanto Germán como yo tenemos sweaters puestos. El idioia de Jorge no lo llevó, y por eso pasó frío. 😛

Nosotros y el Arco de La Défense

Desde el Arco

Tomamos fotos, fuimos a McDonald’s a comer (antes que digan algo, todo lo demás estaba cerrado, y si hay algo que no cambia a nivel mundial, es la comida de franquicias como esa – ahora bien, las papas fritas eran mejores), y nos regresamos al hotel a dormir. Si hay algo que se mantuvo constante, fue nuestra hora de regreso al hotel: cerca de las 12 a.m. Afortunadamente, París en cuanto a seguridad nos gustó bastante — a esa hora, las calles estaban desiertas, pero pudimos caminar sin nigún problema (en términos paranóicos, digo).

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Un comentario en “Día 1 – Y llegamos a París

  1. jajaja yo hubiese ido a ese viaje… Júralo que los 41 dias te la monto por botar la cartera!! XD

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