Sólo un día normal.

La mañana comienza como cualquier otra.
El cielo está limpio y despejado, excepto por una que otra nube. “Genial, así­ se ve mucho mejor”, pensé. Al sol aún le falta tiempo para salir, pero tengo que disponerme a salir rápido porque, aunque mi destino no está muy lejos, prefiero llegar primero.
Decido ir caminando, pero antes me abrigo un poco, porque al no haber sol, es obvio que todaví­a haga algo de frí­o.
Mi mente se mantiene relajada y serena mientras camino.
Llego a mi destino, y dejando de lado a las dos o tres personas que ya estaban presentes, el lugar está desierto. “Perfecto, mejor así­”, pienso. No me agrada el ruido, y por lo general cuando es ya la mitad del dí­a, este lugar no hace sino emitir ruido sin cesar. Pero por ahora, sólo hay silencio.

Camino un poco más, y lo veo. “Al fin… justo lo que esperaba”, me digo a mi mismo mientras me dispongo a realizar los chequeos de cada mañana. Mi atuendo cambió rápidamente por un traje de nómex, un chaleco, un casco, y una máscara. Estando ya listo, me dirijo hacia afuera…


Un técnico/mecánico ya se encontraba en el sitio, y luego del correspondiente saludo, entrega de papeles, y demás, se retiró a seguir preparando mi “oficina”. Las “paredes” (nunca peor descritas*) de ésta, reflejaban tenuemente el brillo de la luna, cuya luz pasaba a través de unas cuantas nubes que se encontraban debajo de ella. De resto, todo despejado. “Perfecto”, pensé nuevamente.

Me dispuse a realizar el chequeo de mi oficina; viendo que cada superficie se encontrara tal como debía estar. Satisfecho con la inspección, rocé una “pared” en forma de saludo. Al tacto, fría y metálica. Ya con eso, me dirijí a la escalerilla que me llevaría a mi “cubículo”, mientras el mecánico se disponía a retirarla.
“Listo, Capitán. Suerte.”
“Gracias”, repliqué, y me adentré en mi cubículo, con su cúpula de policarbonato aún abierta. Como era de esperarse, estaba igual que el resto de la oficina, fría y oscura.
Es hora pues, de seguir mi lista (ya mental, de todas las veces que la he repetido):
MAIN PWR SW: BATT“. Muevo el switch correspondiente, y un zumbido eléctrico me indica que el sistema se ha puesto en funcionamiento.
MAIN PWR SW: MAIN“. Ahora algunos instrumentos cobran vida. Muevo un interruptor, y la cúpula de policarbonato comienza a cerrarse, dejándome aislado dentro de mi “oficina”, cumpliendo así con otro de los elementos de mi lista.
MASTER FUEL: ON“.
“Todo listo…”

JFS: START 2” Una luz verde se enciende al lado del interruptor, y al mismo tiempo, el zumbido eléctrico se ve reemplazado rápidamente por un sibido, que poco a poco aumenta en tono e intensidad.
La aguja de un medidor a mi derecha comienza a moverse de inmediato.
“RPM: 10%…” El silbido aumenta todavía más…
“RPM: 20%…” Muevo una palanca a mi izquierda, y el silbido anterior se reemplaza por otro aún más fuerte. El indicador de RPM sube rápidamente a 50%, y al momento se reduce de nuevo.
La luz al lado del interruptor del JFS se apaga, y el silbido se reduce nuevamente.

Avanzo la palanca, retiro los frenos, y mi “oficina” comienza a moverse. A medida que activo los demás sistemas, y las distintas pantallas a mi alrededor se llenan de información y realizan pruebas a si mismas, no puedo evitar sentir ansiedad.
Pero no es mala, sencillamente deseo salir de una vez.
Apunto mi oficina a una franja de asfalto extensa.
Ahí voy…

Muevo la palanca lentamente hasta el tope, el silbido detrás de mi aumenta considerablemente, hasta volverse un rugido y luego una pequeña explosión.
Quito los frenos. Rápidamente un indicador al frente, ligeramente a la izquierda, pasa números uno tras otro.
“10…20…30……80…110…130…”
Halo instintivamente la palanca a mi derecha, pero no hace falta, porque basta con sólo pensarlo…

…Y despierto.
Una vez más, fallo al tratar de llegar a mi destino.

El cielo. La inmensidad que me consume. Donde nada ni nadie puede detenerme; mis miedos, angustias, fobias, preocupaciones, y demás cosas mundanas e insignificantes se tornan verdaderamente así al alcanzar el azul del cielo.
Sólo hay un obstáculo en mi camino para lograr que eso sea posible; mientras tanto, le doy la vuelta con un computador, un joystick H.O.T.A.S., y un simulador de vuelo. No sé cuándo, pero algún día, no hará falta nada de eso.

Tengo muchísimo tiempo sin escribir de esta manera. Antes solía ser bueno (modestia aparte), pero le perdí práctica al asunto. No estoy del todo conforme con como quedó, pero bue, aquí está. Se aceptan críticas de todo tipo.

* Las paredes están hechas para dividir y encerrar. Las “paredes” de lo que yo llamo acá “mi oficina”, creo -a mi forma de ver- que son para todo lo contrario…

Por otro lado, las canciones que de una forma u otra (porque forman parte de la banda sonora de un simulador de vuelo, será) me inspiraron un poco para escribir esta entrada, fueron estas dos (más que todo la primera):

Ace Combat Zero: The Belkan War OST – 19 – Zero.mp3


Ace Combat Zero: The Belkan War OST – 22 – Epilogue ~ Near the Border.mp3

(Actualización: El soundtrack entero lo puedes conseguir en Galbadia Hotel, en la página de Soundtracks, bajo la letra “A”).

Me gustaron bastante, porque la guitarra española tiene… algo, un no-sé-qué que la hace sonar espectacular. La banda sonora en general es muy buena, la recomiendo. El juego también, de hecho.

Edit: Se me olvidó poner el video de donde tomé la idea (mejor dicho, la refiné):

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