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Tomando prestada la frase de un pana: Maldita sea la mierda.
De verdad que no comprendo qué clase de alineaciones astrales se dieron esta semana para hacer que de repente, todo se diese vuelta y se tornara justo lo opuesto. Lo que antes era bueno, ahorita es justo lo contrario. Ah, y si habían cosas malas, ahora son peores. Murphy debe estar cagándose de la risa con todo esto, definitivamente.
Coño, estoy consciente que exagero mucho las situaciones. Es uno de mis peores defectos, y lo admito abiertamente. Pero… ok, lo que más arrechera me ha dado esta semana, aparte de discusiones estúpidas (propiciadas por mi, desgraciadamente), ha sido el gesto de importancia -o mejor dicho, la ausencia de- de parte de la persona que yo considero como la hermana que jamás tuve.
Es cierto. Ya dije de algunos altibajos -como en toda relación- y pequeños, o a veces grandes aletazos por ambas partes, pero lo de hoy… definitivamente no sé qué pensar. La semana pasada twitteé al respecto: mi mejor amiga bajó a mi casa por un rato, a entregarme la tarjeta de invitación a su grado. La tarjeta tenía escrita la fecha de la misa, y del acto de grado, pero sólo estaba escrita la hora de la misa: 7 p.m.. Ayer salí a tiempo, pero desgraciadamente al llegar a la parroquia universitaria, ya un montón de gente se me había adelantado, y como resultado pasé la hora y media que duró la misa de pie. Pero después de todo, eso no importaba un coño. Se trataba de mi mejor amiga, y su graduación. Si me hubiese tocado poner mis pies sobre carbón ardiendo durante esa hora y media, habría hecho eso, y más.
Anoche luego de la misa la escuché decirle a una amiga que estaban pendientes con respecto a la hora del acto de grado. “Seguramente me dice después, creo yo”, pensé. Qué iluso. Yo no sé si es que tengo el cinismo en las nubes, pero justo la semana pasada, cuando le pregunté acerca de la hora del acto, y cómo había que ir, etc., ella sencillamente se rió, y le comenté, en son de broma “seguramente no quieres que yo vaya” (el novio de ella no me tiene precisamente en muy buena estima, y lo dije pensando en él). Pero, sin ánimos de apuntar el dedo para señalar culpas, sólo fue eso: una broma. Y ahí lo dejé.
Claro, justo ahora lo estoy dudando seriamente –y mas con los respectivos mensajes de texto que…– ya va, me estoy adelantando. Anoche dijimos que estábamos pendientes (ella me llevó junto con sus hermanas, su sobrina y su mamá a mi casa), y que bue, que nos veíamos hoy.
Pasamos a hoy. Yo tenía clase de estocástica al mediodía, y por supuesto, fui, pero estuve pensando bastante en lo del acto de grado. Usualmente son en la noche, y al no ver llamadas o mensajes, pensé “debe estar ocupada. Voy a dejarla quieta porque sé lo mucho que se estresa.” Bajé a mi casa luego de la clase, almorcé, y me fui a la oficina (donde comencé a escribir esto, pero por la hora no terminé) y casualmente, a eso de las 5 y algo recibí un mensaje de ella: “My beloved friend. Estoy muy apenada porque si no fuiste para el rectorado quiere decir que no te llego (sic) el mensaje q (sic) te envie (sic) el MIERCOLES con la hora…”
Mi mente se quedó en blanco un momento. “¿Qué? Es decir, que lo del grado ya pasó… ¿y no estuve? Pero, ya va, no entiendo…” y en un estado de estupor puro, decidí contestarle:
“Neechan, (japonés para “hermanita” — suelo usarlo mucho con ella) why didn’t you tell me yesterday? (por qué no me dijiste anoche?)” A ver qué me iba a decir pues.
Su respuesta, parafraseada: “Lo siento, anoche estaba tan cansada que no te recordé.”
En este punto ya estaba arrecho. Y bastante.
Luego de escribirle que estaba tratando de comprender qué (CDLPM) había pasado, llegó, nuevamente, su respuesta.
“Yo te mandé un mensaje el miércoles, pero como a veces no me puedes contestar, pensé que sí te había llegado.”
Te equivocaste.
Ah bueno, grandioso entonces. ¿Ahora todos los eventos importantes se avisan por mensaje de texto? Ok, está bien, lo comprendo (o trato, al menos). No sé, ¿le estoy dando demasiada importancia? Se supone que soy su mejor amigo (dicho por ella, no me lleno la boca diciéndolo yo, eso es seguro), y entonces, en cosas que suceden una sola vez en la vida (porque, vamos a estar claros, generalmente uno se gradúa de la universidad una sola vez en la vida), ¿dependemos entonces de menos de 1 KB. de datos, convertidos a señales de radio que pasan por una celda que los retransmite y luego se reciben en un teléfono móvil, que los convierte de nuevo a algo que se pueda leer, para avisar de esta clase de cosas?
Me niego a creerlo. Me perdí un momento por un puto mensaje de texto. Y sí, yo entiendo que quizás no habría entrado, quizás tendría que haberme conformado con felicitarla afuera del rectorado (porque entiendo que, a esos actos se les restringe la asistencia, y de hecho, ya yo estaba digamos, de acuerdo con la idea), pero, me habría gustado tener la oportunidad de hacerlo, maldita sea.
Si no hubiese podido ir, por clases, trabajo, un meteorito que me cayera encima, mierda, está bien, son cosas que no se pueden controlar, y lo habría manejado como imposibilidad de mi parte. Pero, ¿por un maldito mensaje de texto? No me jodan.
En resumen: odio los mensajes de texto.
Si de la “amistad” se trata… prefiero no decir nada. Ojalá se acabe rápido toda esta semana. No creo poder seguir soportándola.
Me siento a escribir… y mis dedos se mueven furiosamente sobre las teclas, plasmando a golpes lo que mi mente vomita desesperadamente en un intento de aplacar la gran cantidad
de pensamientos que en este momento la aquejan.
Molestia, rabia, impotencia, desesperación, odio; todas y ninguna a la vez.
Una y otra vez, se repite la historia.
¿Qué sucede?
¿Soy yo quien se niega aprender, o decididamente el mundo
ha optado jugarme de nuevo una mala pasada?
¿No tuvo ya suficiente acaso?
Es difícil centrar la punta de mis dedos sobre cada tecla, sin poder detener el efecto de la adrenalina que ahora fluye por mis venas, pareciera que reemplazando a la sangre, en vez de surcar a través de ella.
No puedo evitar repetirlo. Otra vez. Y otra vez. Y luego, otra vez más.
Por eso es que a veces la soledad me fascina: sólo yo tengo la capacidad de estorbarme a mi mismo. Sólo yo soy mi propio obstáculo. Pero no, esta vez tenías que ser tú.
Y me molesta que seas tú. Ojalá pudiese mandarte al otro lado del mundo.
Pero aún allá causarías el mismo efecto. Y no puedo quitarte de mi camino. Inevitablemente tengo que cambiar el mío, hacia donde no estés tú.
Mis palabras no te hacen nada, mis puños rebotan inútilmente antes de tocarte. Ni mis espadas son capaces de atravesarte y partirte en dos. Nada sirve.
Ya sólo puedo cerrar los ojos… intentar desconectar mis sentidos una vez más.
Y una vez más, tu imagen aparece allí, claramente.
Quisiera poder tomar vacaciones del mundo, y de ti. Especialmente de ti.
Y se siente el final de la calma antes de la tormenta.
¿La tormenta? Sí, esa tormenta que en mi caso se conoce como universidad y trabajo.
Había sido interesante esta semana. Fue… tranquila, pa resumir. (aunque igual el resumen se va rápidamente a la mier– porque ya voy a detallar parte de lo que hice, nomás porque sí).
La gran mayoría de mi tiempo fue gastado en descansar (léase: dormir) porque, aunque no hacía nada (o eso creia yo…), igual me despertaba cansado. Y eso que muchos días dormí pasadas las 12 p.m; aunque, admito que no me acostaba precisamente temprano…
Terminé de ver Last Exile, y, en realidad fue muy buena elección. Tiene que ver con uno de mis temas favoritos (o será, EL favorito: la aviación) pero con un enfoque algo…. ¿marítimo? No sé expresarlo, pero aunque no terminó como esperaba (el anime me ha acostumbrado a que toda vaina termina mal: ¿historia de un amor no correspondido? todo el mundo se muere. ¿Heidi? La caraja terminó drogadicta y todo… “Abuelito dime tú, ¿qué sonidos son los que oigo yo?” O sea, veeeeerg….) ahem… igual me gustó. El enfoque del protagonista hacia el vuelo es muy similar al mío, lo cual explica el gusto.
Por otro lado: Soul Calibur 3.
Naguará, qué fiebre tenemos otra vez con ese juego. Hasta el punto estamos de yo prestar mi disco (original), y tener que bajar una copia pa poder seguir jugando, porque de lo contrario los panas y yo nos quedamos sin hacer nada (es decir, lo que ya estábamos haciendo desde un principio). Qué vida tan gris la nuestra. Hoy también me dijeron para jugar, pero tengo compromisos pendientes, so…
Hmmm, ¿qué más, qué más? ¡Ah! El jueves me invitaron a reunirnos un rato con Daya, Daniela (su hermana), Leonardo (un pana), y William (conocido en Twitter como @willigulip — a la… dije “Twitter”, y de una escribí el nick con la “@” al lado… qué vicio), a quien estaba conociendo ese día (aunque ya habíamos hablado antes via twitter). Por supuesto, gracias al trolebús (“todos lo queremos, tooodos lo queremos, ¡trole, todos lo quereeeemos!” …sí, claro…>_>), y a las insoportables colas causadas por la afluencia de turistas a la ciudad, llegué casi una hora tarde (detesto eso, por cierto). De todas maneras, el rato fue bueno, a pesar de lo corto.
Ah, hablando de turistas… Jaja, era gracioso verlos haciendo cola en la Heladería Coromoto, y preguntarse qué estarían pidiendo. Verán, dicha heladería es famosa por tener el Récord Guiness (nunca sé cómo carrizo se escribe eso), por la mayor cantidad de sabores de helado en el mundo. Hasta la fecha, van algo así como 832 sabores, donde van desde los tradicionales (mantecado, chocolate, fresa, etc.) hasta los extravagantes y hasta exóticos, como aguacate, caraotas negras, pescado, hamburguesa, coca cola, cebolla, y demás. Estoy esperando la oportunidad de poder probarlos todos, uno por día.
(quién sabe si eso marcaría otro récord Guiness…)
El día siguiente, me visitó mi aneue, para traerme una tarjeta de invitación a su misa y acto de grado (ya me había dicho antes, pero igual me trajo la tarjeta). Finalmente se gradúa, y me alegro muchísimo por ella. Ya es una etapa que pasó en su vida (en la cual me alegra haber estado, aunque hayamos tenido altibajos), y vendrán muchas otras más. Omedetou, oneechan.
¿Qué otra cosa hice…? Ah sí. Ya pedí la tarjeta madre que quería, último componente restante para poder armar la computadora nueva (bueno, descontando el case, teclado nuevo, mouse, y accesorios por el estilo). De eso seguro que voy a escribir algo (qué geek…) pero, ya no puedo esperar a que llegue… Falta saber cuánto me van a cobrar por traerla de gringolandia (gastando los pocos dólares que quedan del cupo a mi papá…), y esperar también que lleguen las demás partes (procesador y tarjeta de video), algunas de las cuales llevo esperando desde diciembre.
Hmmm, y… más nada, creo. Anoche recordé que no había escrito nada esta semana, y por no dejar, pues he aquí un recuento aburrido de lo que hice. Meh. ![]()
Hmmm, ¿dos entradas casi seguidas?
Nah, esta no tiene nada de especial. No tiene ningún pensamiento así profundo (ja) o algo realmente intelectual e interesante (JA!); es sólo que empecé a ver Last Exile (cuidado al leer, hay spoilers — es decir, detalles de la trama, porque la vi en la lista de recomendaciones de anime en un foro que visito (’tá en inglés), y… bue, me dio por bajarla.
Recién empecé (voy apenas por el 3er capítulo) pero hasta ahora me gusta. Tiene una animación excelente (muchos efectos por computadora; es decir, CGI), y lo que va de trama parece ir bien, así que… bue, mientras me distraiga y evite que me ponga a pensar demasiado (últimamente ando víctima de eso), todo bien. (Lo de pensar demasiado podría ser un post pero… nah, creo que por ahora es mejor dejarlo sin escribir. Aunque hace unas horas me dio por escribir sobre eso…)
Saludos a quienes me leen… y se agradecen comentarios para saber qué tal.
La mañana comienza como cualquier otra.
El cielo está limpio y despejado, excepto por una que otra nube. “Genial, así se ve mucho mejor”, pensé. Al sol aún le falta tiempo para salir, pero tengo que disponerme a salir rápido porque, aunque mi destino no está muy lejos, prefiero llegar primero.
Decido ir caminando, pero antes me abrigo un poco, porque al no haber sol, es obvio que todavía haga algo de frío.
Mi mente se mantiene relajada y serena mientras camino.
Llego a mi destino, y dejando de lado a las dos o tres personas que ya estaban presentes, el lugar está desierto. “Perfecto, mejor así”, pienso. No me agrada el ruido, y por lo general cuando es ya la mitad del día, este lugar no hace sino emitir ruido sin cesar. Pero por ahora, sólo hay silencio.
Camino un poco más, y lo veo. “Al fin… justo lo que esperaba”, me digo a mi mismo mientras me dispongo a realizar los chequeos de cada mañana. Mi atuendo cambió rápidamente por un traje de nómex, un chaleco, un casco, y una máscara. Estando ya listo, me dirijo hacia afuera…
Ok, hay ciertas veces en las que uno olvida momentáneamente la edad que tiene, y de vez en cuando decide actuar de acorde a lo que se espera de otra edad distinta. Algunas veces mayor (y son tan pocas estas veces…), otras veces no tanto.
Hoy -más temprano- elegí por irme a la parte de “no tanto”.
Fue una estupidez, realmente. Debería haber superado eso hace algún tiempo ya. Sin embargo, parece que el pasado todavía quiere seguir persiguiéndome, y como también parece que no he aprendido lo suficiente de él, entonces me veo forzado a repetirlo. Una y otra vez, los mismos errores, las mismas explicaciones del porqué. Lo único que parece no ser constante es la persona al otro lado de este… ¿hecho? No sé. (Esto hace que sea aún peor.)
No tengo excusas, para ser franco -las odio, por lo que resultaría bastante irónico e hipócrita de mi parte usarlas- así que solamente puedo decir que me equivoqué. En términos criollos: la cagué.
No pienso pedir disculpas porque… bueno, ya los dos sabemos cuál es tú opinión al respecto, ¿verdad? Así que, aquí está. Mi patético intento de resumir lo que no debí hacer y sin embargo hice.
Creo que todavía tengo mucho que aprender…






